Cuaderno de bodega
Variedades minoritarias de La Rioja que casi desaparecieron
Maturana tinta, Tempranillo blanco y Garnacha gris en nuestras parcelas
Publicado el 14 de marzo de 2024 · Lectura de 7 minutos
La Maturana tinta estuvo a punto de desaparecer de La Rioja Alta. No fue un accidente: durante décadas se arrancó porque maduraba tarde, daba racimos pequeños y se pudría con facilidad en otoño. Hoy ocupa apenas un puñado de hectáreas, casi todas en manos de viticultores que la mantuvieron por cabezonería o por desconocimiento. En Varmint Wine trabajamos con dos parcelas experimentales de esta variedad y con una hilera suelta de Garnacha gris que vendimiamos por separado, sin mezclarla con el resto.
El abandono de estas uvas tiene una lógica agronómica que conviene entender antes de romanticismos. La Maturana tinta brota pronto y madura tarde, lo que la expone a las heladas de abril y a las lluvias de septiembre. Su piel es fina y el desgrane cuesta más de lo que parece. En nuestras dos parcelas, situadas en suelos calizos con buen drenaje, hemos visto añadas donde la producción cayó por debajo de los 2.000 kilos por hectárea. No es una variedad para plantar en grande ni para buscar rendimiento.
El Tempranillo blanco es otro caso distinto. Se arrancó porque el mercado pedía tintos y porque su rendimiento, sin ser malo, no competía con la Viura. Nosotros lo vinificamos solos desde hace tres vendimias. Fermenta rápido, a temperaturas que no pasan de 18 grados, y da un vino de perfil tenso, con una acidez que aguanta bien el paso del tiempo en botella. No tiene la untuosidad de un Chardonnay, pero tampoco la pretende.
La Garnacha gris llegó a nuestra bodega por accidente. Una hilera suelta dentro de una parcela vieja de Garnacha tinta que llevábamos años vendimiando sin separar. Hace dos añadas decidimos recogerla aparte, en cajas pequeñas, y prensarla directamente. El mosto salió con un color cobrizo pálido y una nariz que recordaba a piel de manzana y hierba seca. En bodega se comporta de forma caprichosa: a veces arranca la fermentación en dos días, a veces tarda una semana. No hemos conseguido repetir el mismo perfil dos años seguidos.
Lo que sí tenemos claro es lo que estas variedades no dan. No dan vinos potentes, ni taninos generosos, ni una estructura que aguante veinte años en botella sin vigilancia. Dan vinos de trago corto, con matices que aparecen y desaparecen, y con una irregularidad entre añadas que obliga a catarlos cada pocos meses. Para nosotros eso no es un defecto: es la razón por la que las seguimos vinificando por separado.