Un equipo pequeño, con base en Valladolid y trabajo de campo en viñedos de la cuenca del Duero. No venimos del laboratorio aislado: venimos de parcelas, de bodegas y de plantas de compostaje donde los tiempos no los marca un protocolo, sino la vendimia y el frío de enero.
Lo que nos une es una idea bastante terrena: que los restos de poda y de bodega son materia prima, no un problema que se quema o se entierra. Cada persona del equipo cubre una parte concreta de ese recorrido, desde la microbiología hasta la logística con el viticultor.
Ingeniera agrónoma. Coordina los ensayos de compostaje de sarmiento en las parcelas piloto y decide cuándo una pila está lista para incorporar al suelo. Lleva el seguimiento de temperatura, humedad y relación carbono-nitrógeno en cada lote de la campaña.
Doctor en microbiología. Analiza la carga microbiana del orujo fresco y las fermentaciones aerobias, y traduce esos datos en recomendaciones de mezcla. Su obsesión es que el bioinsumo llegue al suelo con actividad viva, no solo con materia orgánica inerte.
Enóloga de formación. Habla con las bodegas para coordinar la retirada de orujos y con los viticultores para ajustar el calendario de aplicación a la fenología de la vid. Conoce de primera mano lo que significa cuadrar una fermentación con una retirada de subproducto.
Responsable de la planta de valorización. Supervisa trituración, volteos y maduración de las pilas, y mantiene el control de humedad en las semanas críticas del invierno. Si algo se descontrola en una pila, es la primera llamada que se hace.
Químico analítico. Se encarga de las analíticas de pH, conductividad y micronutrientes en los lotes terminados, y de que cada partida que sale hacia una parcela tenga su ficha de trazabilidad. Sin ese registro, no se entrega.
Principios de trabajo
El proyecto nació de una incomodidad concreta: cada invierno salían del viñedo toneladas de sarmiento que acababan quemadas o trituradas sin más, mientras el suelo de las mismas parcelas perdía materia orgánica año tras año. Trabajamos para cerrar ese círculo. Recogemos restos de poda, orujo y raspones de bodega, los estabilizamos mediante compostaje y fermentación controlada, y devolvemos al suelo un material que alimenta la microbiología en lugar de sustituirla. No vendemos un producto milagro: medimos, ajustamos y explicamos lo que funciona y lo que no en cada parcela.
Trayectoria de CepaCircular Biotech
Alba Antón y Unai Ferrer montan una pila piloto de doce metros cúbicos en una finca de Peñafiel. El objetivo era simple: comprobar si el sarmiento de vid podía compostarse sin aporte externo de nitrógeno en clima continental. No funcionó como esperaban, y ese primer fracaso marcó el método de trabajo posterior.
La empresa firma los primeros convenios de recogida de orujo fresco durante vendimia. Se instala una báscula y una zona de mezcla en la nave de la Calle del Campo. Ese año se procesan cuarenta toneladas y se aprende que el orujo no puede almacenarse más de cuarenta y ocho horas sin control de temperatura.
Berta Negrón Segundo se incorpora para dirigir los análisis de actividad microbiana. Se monta un pequeño laboratorio con capacidad para recuentos, pH, conductividad y respirometría básica. A partir de aquí, cada lote de compost sale con su informe y no se entrega sin curva de maduración cerrada.
Samuel Nazario Hijo coordina la aplicación en dos parcelas certificadas de la DO Ribera del Duero. Se ajustan dosis y momento de incorporación según el calendario de la vid, no según la disponibilidad del almacén. La respuesta en vigor y estructura del suelo se documenta durante todo el ciclo.
Isaac Costa Hijo asume la parte de procesos y calidad. Se implanta un sistema de trazabilidad que vincula cada saco de biofertilizante con la parcela de origen del residuo y con las condiciones de fermentación registradas. La planta pasa a operar durante todo el año, no solo en vendimia.
El equipo empieza a impartir jornadas técnicas en bodegas y cooperativas sobre manejo de restos de poda y uso de bioinsumos en suelos calizos. La idea no es vender producto, sino que el viticultor entienda qué ocurre dentro de la pila y bajo el suelo antes de aplicar nada.