Compostaje de sarmientos: tiempos reales en clima continental
Qué medimos durante dos campañas en viñedos de la Ribera del Duero
El sarmiento de vid no es un residuo cómodo. Es leñoso, duro y llega a la era de compostaje con una relación carbono-nitrógeno que ronda 60/1. En un clima continental como el de la Ribera del Duero, con noches de diciembre por debajo de los cero grados, esa proporción se traduce en un arranque lento: la pila tarda en alcanzar la fase termófila y, cuando lo hace, la pierde con la primera helada fuerte. Durante dos campañas seguidas registramos qué ocurría realmente en pilas de 1,2 metros de altura formadas con sarmiento triturado y restos de orujo de la propia bodega.
El montaje fue sencillo y repetible. Trituramos el sarmiento a dos tamaños de partícula distintos, uno grueso de entre 4 y 6 centímetros y otro más fino por debajo de 3, y montamos pilas alternas con aporte de orujo fresco como fuente de nitrógeno. La humedad se corrigió con riego manual hasta mantenerla entre el 50 y el 60 por ciento, comprobando con puño cerrado antes de cada volteo. Los volteos se hicieron cada diez días, sin excepción, y la temperatura interna se midió con sonda a 40 y 80 centímetros de profundidad.
Lo primero que llamó la atención fue el retraso del arranque. En las pilas de partícula gruesa, la temperatura no superó los 35 grados hasta la quinta semana. En las de partícula fina, el ascenso llegó en la tercera. La diferencia no venía del volteo, que era idéntico, sino de la superficie de contacto: cuanto más pequeño el fragmento, más rápido trabajan los microorganismos sobre la lignina y la celulosa. Ese detalle, que en un manual parece menor, en campo marca la diferencia entre cerrar el ciclo en otoño o arrastrarlo hasta bien entrada la primavera.
La relación C/N descendió más despacio de lo que esperábamos en las primeras cuatro semanas. Pasamos de un valor inicial cercano a 45/1 a un 38/1, un ritmo lento incluso para un material leñoso. A partir de la sexta semana, con la pila ya activa y el orujo integrado, el descenso se aceleró hasta situarse por debajo de 25/1 en la semana doce. La conclusión práctica es incómoda para quien busca atajos: el tamaño de partícula y la mezcla inicial pesan más que la frecuencia de volteo. Voltear más no compensa un sarmiento mal triturado.
También anotamos un patrón de humedad que conviene tener presente. Las pilas expuestas al viento dominante perdían agua por la cara norte y ganaban costra en la sur. Esa asimetría obligaba a remojar antes del volteo para no trabajar con material seco en el centro. En las catorce semanas de seguimiento, ninguna pila alcanzó la madurez completa antes de la semana doce, y las de partícula gruesa necesitaron dos semanas más. No hay milagros con el frío: el compostaje en clima continental se mide en meses, no en días.